Palabrería

Muchas cosas en el cajón, desordenadas y sin sentido.

El misterio de las cosas

“Tienes esa risa maliciosa
ríete de mí.
Sabes el misterio de las cosas
bésame.
Tárdate en llegar
mójame en tu mar calmo.
Nunca he esperado nada
más de nadie
y he vivido para amar solo
a nadie.
Tárdate en llegar mójame en tu mar
cólmame.”

Estás y no estás

Te veo lejano, tu vida corre paralela a la mía, siempre ha sido así. 

Dos puntos en distintas ubicaciones que una sola noche bastó para juntar, no hubo necesidad de encuentros físicos, sólo de unir destinos a voluntad. La decisión es la que nos hace preparar el camino para el encuentro. 

Y a pesar de que falta tiempo y que a ese tiempo le sucedan cosas, siento cómo tu sombra se ve cercana a mis pasos, me da vida antes de crear la vida, fuerza suficiente para preparar el cultivo y allanar el alma para que haya un espacio hermoso para tí. 

Traza una línea que atraviese el horizonte y tendrás tu motivo para seguir en esta vida.

Y qué si sigo tus pasos de cerca.
Eres tú, el mismo que he perseguido siempre, al que le coso la sombra antes de saber su nombre, en donde pongo mis fantasías cuando el deseo lo ordena.
Si tu rostro no me mira, sólo basta que continúe desconocida para ti esperando a que la marea primaveral de mi sexo baje y mate toda vida o indicio de ella. Al fin que ya vendrá otra oleada natural que me llevará a buscarte de nuevo modificando tu rostro, esperando que la nitidez algún día me conceda una sonrisa tuya.

Recuerdo cuando barríamos las tiendas de discos para encontrar tesoros que formaron después el soundtrack de nuestra vida.

Recuerdo cuando barríamos las tiendas de discos para encontrar tesoros que formaron después el soundtrack de nuestra vida.

Agua salada

Las lágrimas aparecen coincidiendo con tu majestuosa partida. Y parece que por mi dolor fuiste tu quien cercenó al gigante de nuestro amor. Pero he sido yo quien abrió la puerta y sacó tus cosas porque no tuviste ojos para mirar que en el centro de la sala había una bomba cuyo tiempo llega a su fin. Sálvate tú que yo moriré aquí.

Cuando dejas de observar a una persona y puedes obtener la mirada general de su verdadera personalidad, te das cuenta de que no son tan distintos. Entonces y casi de inmediato dejas de admirar, dejas de estar enamorado.

Aquí el recuerdo me golpea suavemente el rostro, siempre con un ligero dolor en la piel.

Aquí el recuerdo me golpea suavemente el rostro, siempre con un ligero dolor en la piel.